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Hablar del Son Jarocho en los últimos 30 años, de ese Son campesino, virtuoso y con una versada que nos arrastra hasta la sabána de Sotavento, obliga, sin duda alguna, a voltear hacia la familia Vega y hacia su comunidad entre Tlacotalpeña y Tuxtleca: la Boca de San Miguel. En ese lugar, mítico santuario de los soneros, se registran, por lo menos y hasta nuestros días, cuatro generaciones de músicos que siguen recreando la tradición de forma lírica, auténtica y con las marcadas raíces que lo conforman: la indígena, la española y la africana. Don Andrés Vega Delfín, ícono del grupo Mono Blanco y obligada referencia en la guitarra de Son, nos dará una muestra, este sábado 15 de noviembre en Mardel, de lo que significa tocar en la cotidianidad y bajo la sencillez del portalito de su casa; lo acompañarán en la velada, que promete convertirse en histórica noche porteña, dos de sus hijos: Octavio Vega Hernández (Mono Blanco) y Tereso Vega (Son de Madera). Tendremos entonces, en un escenario ya consolidado como foro cultural, una de las matas más fuertes de la que hoy se nutre el Son Jarocho y la cual ha sido ovacionada en los principales recintos del mundo entero. Prohibido faltar si eres admirador de los atardeceres  rancheros, de la luna sobre el mar y de la exquisita cena con la mejor vista del Puerto…

Por Manuel Polgar

Fotografía: Rodrigo Vázquez